
El lenguaje oral es un medio de comunicación con los demás, un instrumento del pensamiento y también la expresión de la personalidad.
Los padres y familiares de niños con trastornos del lenguaje, se enfrentan al desafío de encontrar la forma de comunicarse con un niño cuya expresión oral puede tener las siguientes características:
- Encontrarse restringida a pocas palabras.
- Ser difícil de entender para el que escucha.
- La elaboración de respuestas requiere algo más de tiempo por parte del niño.
Estas características pueden desalentar al familiar. No se desanime y ayude a su hijo a mantenerse comunicado. Tienda un puente de comunicación entre ambos, para transitarlo juntos. Para ello le proponemos algunas simples estrategias en términos generales:
- En la etapa de la aparición de las primeras palabras:
Adecue el espacio de la comunicación: póngase a la altura del niño, en su campo visual, hablándole de frente, optimizando las condiciones de la comunicación.

Frente a otras personas, no hable siempre DE él, sino CON él también... dándole la oportunidad de responder por sí mismo. Responder sistemáticamente en su lugar no ubica
a su niño en un rol de comunicador, sino siempre de "oyente". Este tipo de ¨ayuda¨ es necesaria en determinadas ocasiones, pero si se establece como hábito, va mermando la intención comunicativa en el niño, repercutiendo negativamente en su autoestima y aumentando dependencias del adulto.
Ofrézcale como modelo las palabras que a él le cuesta encontrar. A modo de ejemplos:
- El niño señala.
La madre: "puedes decirme: mamá, mira !" y esperarlo a que él lo diga. Esto lo animará a hablar, a sentirse escuchado y más autónomo que cuando la comunicación es corporal (gestos, acciones, acercamientos sin palabras,etc.).
- El niño intenta coger algo en silencio
La madre: "puedes decirme: dame galletas", y esperar que él las solicite.
- El niño se opone ante algo.
La madre: puedes decirme "no quiero el jersey".
- Repita lo que acaba de decir el niño, mejórelo diciendo la palabra correcta y no la forma simplificada expresada por el niño y eventualmente introduzca la palabra en una oración corta. Por ejemplo:
El niño dice: "mamá, oche"
Madre: "Sí, subimos al coche !"
Refuércelo con comentarios positivos cuando el niño hable en forma espontánea.
Describa mediante palabras sus cambios en el estado de ánimo: por ejemplo:
"estás enfadado!", "que contento", etc.
- En los niños que ya tienen lenguaje:
Encuentre un momento a lo largo de la jornada para mantener una conversación con él, por breve que sea. Tomen turnos en el diálogo, para que se produzca un ida y vuelta en la interacción comunicativa.
Dele el tiempo que él necesita para responder. Acepte y permita la comunicación con frases cortas y sencillas para gradualmente ir ampliándolas a medida que el lenguaje se enriquezca.
Puede guiar la conversación mediante preguntas que lo ayuden a organizar lo que intenta decir. Algo tan simple como ésto, realizado a diario traerá efectos positivos.
Cada niño requiere de unas necesidades específicas. En cada etapa del desarrollo lingüístico los profesionales podrán acompañarlos a pensar juntos las estrategias posibles para cada caso.
La falta de comunicación trae aparejadas aislamiento, soledad , menor autonomía y la sensación de sentirse incomprendido por las demás personas.
Comunicar es expresar necesidades, deseos propios y ganas de interactuar con los demás, lo cual promueve en definitiva, el bienestar emocional y favorece las relaciones interpersonales
Anímese a transitar el puente de la comunicación con su hijo. Ambos experimentarán satisfacción. Merece la pena intentarlo.
Referencias bibliográficas:
¨Lingüística clínica y logopedia¨ de Elena Garayzábal.
¨La hora de juego linguística¨ de Ana María Soprano.
Sandra de Fabriziis